“La poesía no es de quien la escribe sino de quien la necesita” afirma el cartero a Neruda en la película de “Il Postino”. Y si bien el “autor” y protagonista de la película se llama “Mario” y es poeta, no será el Mario poeta al cual daremos protagonismo en este texto.
En el poema de Mario Benedetti, Hombre preso que mira a su hijo, un hombre intenta explicarle a su hijo por qué no puede estar con él con la esperanza de que su sacrificio no haya sido en vano. Los tristes versos hablan sobre la libertad, sobre lo que un hombre estuvo dispuesto a hacer por ella, y sobre la pequeña persona que fue quien lo mantuvo firme en su propósito a pesar del sufrimiento.
Y aunque aquí no se tome mate, ni se hable de “bojita”, podríamos sustituir las palabras por “café” y “chamito” y tal vez nos demos cuenta de lo mucho que necesitamos, leerla y decirla.
Diremos:
“Y acordarse de vos
de tu carita
lo ayudaba a callar.”
Y nos daremos cuenta que queremos algo mejor para nuestros hijos, nuestros sobrinos o simplemente a las demás personas que llaman a Venezuela “casa”. Por más de que nosotros nos creamos capaces de sobrevivir o pensemos que el esfuerzo no vale la pena, porque ya nosotros nos adaptamos, pensaremos en esas pequeñas caritas y en nuestra situación en vez llevarnos a callar, nos llevara a alzar la voz.
Tal vez nos tatuemos en el corazón:
“Una cosa es morirse de dolor
y otra cosa es morirse de vergüenza.”
Y entenderemos que tal vez el sufrimiento sea en vano y no logremos nuestro cometido, tal vez nuestro sacrificio sea mucho mayor de lo que pensábamos. Sin embargo también entenderemos que el dolor causado por el esfuerzo de luchar por lo que queremos, parece insignificante ante la pena causada por el remordimiento de no haber hecho nada.
Leeremos:
“Uno no siempre hace lo que quiere
pero tiene el derecho de no hacer
lo que no quiere.”
Y pensaremos que, tal vez, como dijimos antes, nuestro sacrificio sea en vano. Pero nunca podrán obligarnos a ser lo que somos y a hacer lo que no queremos. Porque el daño físico es real, pero dañar nuestros principios es peor. Leeremos esos versos y nos mantendremos fuertes.
Entonces leeremos ese poema y sabremos que nos pertenece tanto como pertenece a su autor y sabremos poner el acento en las palabras que realmente importan.
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